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30 años de Atención Primaria en Andalucía

La salud de la población tiene mucho que ver con la fortaleza y calidad de su Atención Primaria. Nadie puede discutir el papel indispensable del primer nivel de atención sanitaria en el cuidado de los enfermos y su repercusión en la salud de la sociedad en general.

La Atención Primaria cumple en este 2016 su treinta aniversario en Andalucía. En estas tres décadas, podemos destacar muchos claroscuros que definen los contornos de un sistema sanitario público como el nuestro.

Los primeros años fueron los de oro de la Atención Primaria. Comenzaron a trabajar los equipos multidisciplinares en los nuevos centros de salud, con unos primeros médicos de familia bien formados y motivados, con una financiación aceptable, unas condiciones laborales soportables, y la confianza de los pacientes que no querían regresar al modelo masificado y descontrolado de los ambulatorios. La luna de miel duró poco tiempo. Las esperanzas que se pusieron en la gestión clínica para dar un salto de calidad en el servicio y en la sostenibilidad del sistema, fueron sólo cantos de sirena.  A día de hoy ni ayuda a la gestión, ni mucho menos, a la clínica.

La crisis de la Atención Primaria comenzó cuando no se les dio su sitio a los profesionales. Sus retribuciones comenzaron a nos ser equiparables a los especialistas hospitalarios y la financiación  comenzó a menguar. No se les dio a los médicos de familia capacidad de resolución con auténtico acceso a las pruebas diagnósticas, se les convirtió en el objetivo casi único del control del gasto farmacéutico y se les hizo rehenes de la dictadura de los cinco minutos.

Para ese tiempo, las sociedades científicas y otras entidades médicas, abandonaron a su suerte a los médicos, aceptando con normalidad lo que supuso la sentencia de muerte de la especialidad, que no era otra que la de enclaustrar la consulta del médico de familia dentro de los citados cinco minutos. Aquella imposición encontró a todas las entidades supuestamente defensoras de la Atención Primaria con demasiadas servidumbres, y muchos miembros de sus juntas y consejos ocupando puestos directivos o  de asesores de la propia Consejería de Salud.

En la actualidad la Atención Primaria no se reconoce, fuera de ofrecer una atención ambulatorizada a las demandas de los ciudadanos. Su papel como posible vertebrador de la salud de nuestra sociedad es sólo un espejismo. En los centros de salud se atienden no tanto a pacientes con enfermedades crónicas, sino a ciudadanos con demandas crónicas. No podemos focalizar el esfuerzo en los que más nos necesitan, ni comenzar a desechar medidas sin ningún valor añadido, si no se piensa de forma seria en gestionar de alguna forma la demanda.

Es verdad que es un lujo contar con la historia clínica informatizada, y los pacientes tienen una accesibilidad absoluta a los servicios de los centros de salud. Pero no podemos quedarnos ahí.

La propia Consejería de Salud no ha podido celebrar como se merecía este aniversario, porque sabe que el estado de la tropa no está para fiestas. Unas semanas antes de las últimas elecciones presentó un documento denominado “Plan de renovación de la Atención Primaria”, que por desgracia es ya papel mojado. No se afrontan de forma decidida los males de una Atención Primaria que merece recuperar su protagonismo.

 

 

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